Conductor avezado

Las personas, frecuentemente, nos hacemos rehenes de nuestras propias emociones negativas. Los pasajeros de nuestro coche son la tristeza, las dudas, los nervios y la vergüenza. Si una vez tomada una decisión, nos echamos atrás por culpa de esas emociones, como un niño malcriado, éstas van a fortalecerse. Y, ante la siguiente meta, chillarán más fuerte.
 
Sin embargo, un viajero experimentado -una persona madura- deja que los pasajeros la armen y no cambia un ápice su trayectoria. Sabe que poco a poco se irán calmando, se irán empequeñeciendo hasta prácticamente desaparecer.
 
Debemos aprender a no detenernos a parlamentar con las emociones negativas: eso sólo incrementaría su fuerza e irracionalidad. Tenemos que transformar las emociones mediante el diálogo racional. Y esta es. nuestra principal herramienta.
 
Pero si las emociones se niegan a escucharnos, lo mejor es actuar como un conductor avezado: seguir nuestro camino sin mirar atrás. Tan sólo dos razones nos bastan: <<Lo que empiezo lo acabo>> y <<Lo que he dicho que haría lo haré>>.
Fuente: freepik.es

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