Tomar decisiones

¡Hola, amig@s!

Hoy os dejamos un texto sobre la dificultad para tomar decisiones y cómo conseguirlo sin bloquearnos. Esperamos que os sea de utilidad.

¡Un abrazo!

En la vida nos encontramos de manera cotidiana con la obligación de tomar decisiones. Algunas de ellas son pequeñas, como decidir qué ropa nos vamos a poner, o qué vamos a hacer de cena, y otras son más importantes y relevantes, como elegir qué estudios seguir o escoger entre dos buenas ofertas de trabajo.

A menudo nos encontramos en una encrucijada y llegamos a sentirnos bloqueados por la incapacidad de elegir una opción. Esto puede ser debido a varios motivos: en primer lugar, teniendo en cuenta que escoger significa siempre renunciar a algo positivo, puede que no queramos o temamos asumir esa pérdida.

Por otro lado, es posible que tengamos la idea de que debemos elegir la mejor opción, que creemos única, en contraposición al resto, que nos llevarían al desastre. Esto está relacionado con la creencia irracional de que sólo habrá una solución válida y posible, pero hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones esto no va a ser tan claro, puesto que todas ellas tendrán aspectos positivos y negativos y también resultarían finalmente efectivas.

Es imposible tener la garantía absoluta de acertar al cien por cien en nuestra decisión. Entonces, el miedo a equivocarnos o arrepentirnos en el futuro puede provocar que nos asustemos y entremos en una especie de bucle entre las diferentes soluciones, sin que ninguna nos satisfaga del todo, lo cual genera un aumento de la ansiedad por no conseguir salir de esa rueda, principalmente si disponemos de un tiempo límite para hacerlo.

En estos casos es muy importante aceptar que al decidir siempre vamos a renunciar a algo, sin magnificar ni “terribilizar” esta pérdida; ser consciente de la imposibilidad de tener la total seguridad de acertar, y de que si nos equivocamos, en muchas ocasiones tendremos la posibilidad de retroceder o de cambiar (por ejemplo, en el caso de empezar unos estudios y descubrir que no era lo que pensábamos, podríamos hacer un viraje y empezar otra carrera).

 Para aquellas ocasiones en las que no somos capaces de decidir o en las que nos preocupa mucho un problema, disponemos de una técnica sencilla pero muy efectiva para resolverlo, la Técnica de Resolución de Problemas, que consiste en realizar por escrito los siguientes pasos:

  1. PLANTEAMIENTO DEL PROBLEMA (formularlo de la manera más concreta posible).
  2. BUSCAR POSIBLES SOLUCIONES AL PROBLEMA: “TORMENTA DE IDEAS”. (Realizar una lista lo más extensa posible sin valorar si son adecuadas o no, todo vale, da rienda suelta a tu imaginación).
  3. ESCRIBIR LOS PROS Y CONTRAS DE LAS SOLUCIONES ESCOGIDAS COMO MÁS ADECUADAS.
  4. TOMA DE DECISIÓN DE LA MEJOR SOLUCIÓN (aquella cuya lista de pros está por encima de los contras y valoramos como más importante).
  5. PLAN DE ACCIÓN: LLEVAR A CABO LA SOLUCIÓN. Concretar: cuándo, de qué manera, quién está implicado, qué necesito, etc.
  6. EVALUACIÓN DE RESULTADOS. Si no estamos satisfechos con el resultado, volver al punto 3.

Helena Pérez Fuster

Psicóloga colaboradora del Centro de Terapia breve de Rafael Santandreu

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