Seré feliz cuando…

…cuando llegue el fin de semana, cuando tenga pareja, cuando me toque la lotería, cuando  termine la pandemia, cuando lleguen las vacaciones, cuando acabe mis estudios, cuando  me independice, etc.

¿Quién no se ha hecho estas afirmaciones alguna vez, sobre todo cuando nos sentimos estresados por una situación difícil?

Estas frases en alguna medida nos ayudan porque nos sirven de escape, nos permiten  proyectarnos a un tiempo futuro más fácil, a veces cercano (el fin de semana), a veces lejano e incierto;  nos recuerdan que lo malo también es transitorio y nos infunden esperanza. En estos casos concretos podrían estar animándonos a sobrellevar el presente, confiando en que la situación difícil terminará en algún momento y vendrán tiempos mejores.

Porque no cabe duda de que, en general, estamos muy tranquilos y contentos de vacaciones, que el fin de semana tenemos más oportunidades de descansar y de hacer actividades agradables, que seguro que  viviríamos mejor sin coronavirus, o que conseguir nuestros objetivos soñados es algo positivo y satisfactorio.

Sin embargo, cuando estas afirmaciones se vuelven exigencias irracionales, nos pueden provocar un aumento de la ansiedad, la frustración y el malestar, porque llevan implícita la idea de que no podemos ser en absoluto felices mientras no  alcancemos esos objetivos y esos deseos y que esa es la única manera de sentir bienestar.

Así, podemos caer en la trampa mental del pensamiento blanco-o-negro, que nos llevará a  idealizar lo que no tenemos, a menospreciar aquellas cosas valiosas y satisfactorias de nuestro momento actual y a catastrofizar las negativas.

Como alternativa nos puede ayudar, por un lado,  aceptar el malestar asociado a las situaciones difíciles que estamos viviendo en el  presente procurando no terribilizarlas en la medida de lo posible,  y a la vez, preguntarnos qué puedo hacer ahora para sentirme mejor, qué cosas valiosas y significativas hay en mi vida en este momento, tomar consciencia de ellas, focalizar la atención en las mismas y realizar actividades que nos resulten agradables para evitar relegar la felicidad a un futuro incierto.

De este modo, mientras esperamos que las cosas cambien o mejoren, o si nunca llegan a hacerlo, podremos cambiar el foco y percibir nuestra vida más plena.

Helena Pérez
Psicóloga Colaboradora del Centro de Terapia de Rafael Santandreu

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