Blanco o negro? COLORES.

Un fenómeno característico de la invención de demonios absolutos es el pensamiento de blanco o negro. Cuando uno se convence de que existe el mal total, se tiende a ver el mundo dividido en dos: los seguidores de Belcebú y los responsables perseguidores del mal. No hay nadie en medio.
En el curioso fenómeno de «la agresividad nacida de la bondad», o estás en el bando de los ángeles o en el de los demonios. Y el debate, la duda, la ligereza, el replanteamiento o cualquier tipo de tibieza te colocará entre los sospechosos de herejía, la parte a aniquilar.
En psicología sabemos bien que el pensamiento de blanco o negro es síntoma de neurosis. El hiperceloso, por ejemplo, quisiera anular toda posibilidad de infidelidad, tal es su temor a que un día suceda lo peor.
El hipocondríaco necesita también la seguridad, en un 100 %, de que la prueba médica le descarta de la enfermedad. No le vale un 96 %; ese 4 % de posibilidades es intolerable.
Por eso no hay nada más sano que evitar el pensamiento de blanco o negro. La vida tiene grises, sombras, colorines y muchas tonalidades. Y, precisamente, la observación completa de los fenómenos es lo que nos permitirá hallar soluciones reales y efectivas, incluso hermosas.
 
Fuente: es.dhgate.com

Optimistas vs pesimistas.

Fuente: pinterest.com

No más miedo.

Ya sabemos que si lo peor que nos puede pasar es la muerte —y eso es natural, necesario y hasta bueno—, ¡no hay nada que temer! La vida es fácil, hermosa y amigable, el paraíso al que hemos sido llamados a habitar.
 
Efectivamente, el miedo es el carburante del fenómeno de la caza de brujas, «la agresividad nacida de la bondad». Y el antídoto es pensar racionalmente.
Fuente: soundcloud.com

Personas fuertes.

Las personas más fuertes nunca evalúan nada de <<terrible>> y en esa evaluación está su FUERZA.

Fuente: elmanana.com

La ansiedad en las relaciones sociales

Hola amig@s!!

Os dejo un texto que habla sobre la ansiedad en las relaciones sociales y cómo abordarla. Espero que os guste.

Un abrazo,

Muchas personas lo pasan mal ante las situaciones sociales porque sienten mucha ansiedad. En ocasiones llegan a evitar estas situaciones, lo que les genera aún mayor malestar. También pueden sentir que se pierden cosas por este miedo y hacer que su estado de ánimo empeore. Por estos motivos es importante abordar el problema de la ansiedad social porque con un buen trabajo terapéutico se pueden conseguir cambios.

El miedo ante los demás viene por varias creencias irracionales. Entre ellas están la necesidad de sentirnos aprobados por los demás, el miedo extremo al rechazo, el miedo extremo a la evaluación negativa, la exigencia de tener que actuar siempre de un modo correcto, la exigencia de tener que saber cómo comportarnos en cada momento, el miedo extremo al ridículo, el miedo extremo a no saber qué decir en cada momento, el no soportar las críticas o la desaprobación de los demás, el temor exagerado a que los demás muestren desacuerdo con nosotros

Todos podemos pensar estas cosas en un momento dado. El problema es cuando son pensamientos habituales y adoptan la forma de miedos extremos y exigencias absolutistas. Entonces nos paralizan, nos bloquean y nos impiden hacer lo que nos gustaría. Es ahí cuando surge el  problema.

Para resolver los temores en las relaciones sociales vamos a tener que trabajar estas creencias irracionales y, a la vez, exponernos a estas situaciones en lugar de evitarlas. Trabajando en ambos aspectos conseguiremos sentirnos mejor y reducir la ansiedad social.

María Ballester

Psicóloga colaboradora del Centro de Terapia Breve de Rafael Santandreu

La MAESTRA.

Vida plena.

Humor

«Practicar el sentido del humor es un componente protector del buen estado de ánimo»
 
Ferrán Salmurri

Compromiso con la ALEGRIA

¿Ser feliz es no sentirse mal?

Hola amig@s!!

os dejamos con un texto muy interesante sobre la felicidad y las emociones negativas, esperamos que os guste.

Un abrazo,

¿Es el objetivo de la terapia cognitiva eliminar las emociones negativas? ¿Acaso cuando hablamos de “ser felices” nos referimos a desterrar de nuestro universo emocional la tristeza, el enfado, la culpa o la ansiedad? Con frecuencia los pacientes preguntan en consulta si una persona feliz no se tiene que sentir nunca mal. Y la respuesta es sencilla: las emociones negativas forman parte de nuestros recursos para adaptarnos al medio, sin ellas nuestra  especie se habría extinguido. Gracias a la ansiedad, por ejemplo, cuando algo pone en peligro nuestro bienestar, nuestro sistema nervioso pone en marcha una serie de respuestas que pretenden ayudarnos a protegernos de esa amenaza. Lo mismo pasa cuando vivimos una pérdida, que la tristeza nos “baja de revoluciones” para digerir dicha pérdida y que podamos adaptarnos al cambio que supone en nuestras vidas. El ser humano es el resultado de siglos de evolución y adaptación al entorno y a las adversidades, y las emociones negativas son parte importantísima en ese kit de supervivencia exitosa. Pongamos como ejemplo el dolor físico, ¿diríamos que una persona sana no siente nunca dolor? Si nos hiciéramos un corte en un brazo o nos fracturásemos un hueso y no sintiéramos dolor alguno, sería más bien algo por lo que preocuparnos, ¿verdad? Gracias al dolor atendemos a esa herida, la curamos y protegemos, es decir, el dolor nos ayuda a adaptarnos a lo que ha pasado. Con las perturbaciones emocionales pasa lo mismo, querer vivir anestesiado emocionalmente sólo acarrearía problemas, no podríamos reaccionar a las adversidades y el resultado sería perjudicial para nosotros. Por lo tanto tengamos claro que las emociones negativas son adaptativas y claves para nuestra supervivencia. (más…)

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