Negocia a tu favor

Hola amig@s!!

Os dejo un texto muy interesante para dejar de boicotearnos, un abrazo!

El otro día acudió a consulta una paciente y sentenció:

  • He caído otra vez.
  • ¿En qué has caído otra vez?
  • Me he sentido insegura.
  • ¿Eso no es lo que esperabas?
  • Eso significa que no he aprendido nada. Porque ante algo nuevo vuelvo a sentirme como al principio. No he sido fuerte.
  • Visto así puede ser muy decepcionante.
  • Sí, me siento fatal, soy idiota, no puedo cambiar. Llevaba mucho tiempo bien y pensaba que había cambiado, pero no. No tengo solución
  • Vaya, cuánto lo siento.
  • ¿Ya está? ¿No vas a decirme nada más?
  • ¿Qué te gustaría escuchar?
  • Jolines, pues que claro que hay solución, que es una etapa, que eso no significa que no haya cambiado. No sé. Me esperaba que me dijeses algo así.
  • ¿Te ayudaría más escuchar eso que pensar que no tienes solución?
  • ¡Claro que me ayudaría más! ¡A quién no!

Nos olvidamos de negociar a nuestro favor.

Queremos que nos rescaten de nuestro diálogo interno cuando realmente nada es más efectivo que saber cómo nos estamos hablando a nosotros mismos.

Por mucho que alguien nos diga “qué guapa eres”, o “cuánto vales”, o “se te da fenomenal esta tarea”, o “claro que le gustas”, o “qué bien te sienta ese traje”, o “eres genial”… poco importa si no hacemos hueco en nuestra mente para poder recoger esos mensajes tan amorosos. Poco importa si lo sometemos internamente a un tercer grado. Si no observamos nuestros propios mensajes podemos caer en depender de mensajes ajenos positivos que por más que se repitan nunca integraremos como propios y cada vez necesitaremos más corroborar que el otro nos mira como nos gustaría mirarnos a nosotros mismos. En una espiral de comprobación en la cuál asegurarnos de que nos sacan del malestar que nosotros mismos hemos comprado sucesivas veces. Esto conlleva mucho sufrimiento, dependencia emocional y decepción.

No negocias a tu favor cuando pones fuera lo que te hace falta dentro. No negocias a tu favor si no conoces cómo colocarías las palabras que realmente te ayudarían en el lugar en el que dentro hay otro discurso.

¿Le hablaría con estas palabras a otra persona que quiero? Como vemos en este ejemplo: ¿Le diría que es idiota y que no ha aprendido nada por sentirse así? ¿Se sentirá más reconfortada o reconfortado tras escuchar el discurso que tira por tierra su propio proceso?

No negociamos a nuestro favor cuando no nos permitimos una perturbación, una emoción desagradable o una duda. No negociamos a nuestro favor si al sentir miedo nos definimos por completo. “Eres insegura para todo y siempre lo serás” o “eres un completo cobarde y lo has sido siempre”. Cuando nos definimos de esta manera también sufrimos una especie de amnesia y olvidamos aquellos momentos en los que hicimos algo que realmente nos satisfizo.

No te subestimes.

Puedes sentir tristeza, miedo, rechazo, disgusto, etc. Puedes pensar de muchas maneras. Puedes sentir esas emociones y no definirte por ellas, tal como vienen se irán. Puedes pensar esos pensamientos limitantes que tienes y no definirte con ellos. Puedes vivirlos y si quieres, cambiarlos. Porque no eres lo que sientes ni eres lo que piensas. Eres mucho, mucho más.

Raquel Errazquin.

Psicóloga Colaboradora del Centro de Terapia de Rafael Santandreu

 

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