Las redes sociales y la falta de control

Hola amig@s!!

Hoy os traemos un artículo muy interesante sobre las redes sociales y su control. Esperamos que os resulte interesante!

Abrazo,

Como habréis oído muchas veces, las redes sociales, como otras herramientas tecnológicas emergentes a lo largo del siglo XXI, son buenas o malas depende del uso que les demos. Podrían ser, y muchas veces lo son (se está demostrando en esta época de confinamiento), un instrumento estupendo de aprendizaje y socialización, pero ¿qué es lo que normalmente ocurre?, pues que en la mayoría de los casos, tanto niños, como adultos, las utilizamos atendiéndolas sin control.

Pero, ¿qué supone atender a las redes sociales sin control?:

Supone, por un lado, exponerse a ver cualquier cosa sin plantearse si lo que se está viendo es adecuado o no, poder incluso a llegar a devorar sus contenidos, como un animal omnívoro que come todo lo que le echen. Implica, por tanto, el hecho de abrir una red social y no pararse a pensar si lo que se está mirando es adecuado o no, ¿es un material violento o denigrante contra otras personas o colectivos?, ¿contienen mensajes que inducen a una compra compulsiva?, ¿estoy comprendiendo lo que se está emitiendo?, ¿se trata de un contenido idealizado, donde las personas que salen son súper guapas y viven en casas maravillosas, y conducen coches de lujo?, ¿corresponde, lo que me llega a través de las redes sociales, con la realidad en la que vivo, o bien, distorsionan mi percepción de lo que debería ser mi realidad?, ¿voy a sacar algo útil para funcionar mejor en la vida o ser mejor persona?

Por otro lado, atender a las redes sin control supone introducirse en ellas todos los días y por tiempo indefinido. Es comenzar el día «empantallándose» nada más levantarse y no parar ya no se sabe hasta cuándo, o bien, estar cada poco tiempo echándoles un ojo, y así el resto del día hasta que llega el momento de acostarse. Se dan más casos de los que pensamos -quizás nosotros mismos seamos uno de ellos- de personas que a través de su móvil, u otros medios electrónicos, están permanentemente inmersas en las redes sociales e Internet, completamente alienadas de la realidad tangible que les rodea.

Lo que realmente ocurre cuando conectamos nuestra mente a una red social, o en el vasto Internet, -y muchos estudios así lo demuestran- es que no podemos centrarnos en otras actividades de nuestro entorno real, que también son entretenidas, incluso más convenientes y productivas, como por ejemplo, jugar con nuestros hijos, parejas o familiares, o atender a tus responsabilidades cotidianas.

Es una actividad que además, normalmente se realiza a solas, sin la posibilidad de comentar con otra persona lo que está pasando, sin intercambiar opiniones acerca de lo que se está viendo, o incluso sin poder disponer del juicio de alguien que nos advierta de que lo que vemos es, o no, oportuno.

Además, cuando nuestra mente proyecta su atención sobre las redes sociales, ésta procesa cognitivamente todo lo que en ellas se muestra. Precisamente por esto, y por lo comentado anteriormente, se convierten en una vía idónea para la industria del consumo. Deberíamos reflexionar en torno a las siguientes cuestiones: ¿quiénes las promueven, las realizan y, sobre todo, para qué?, ¿qué las redes sociales y sus contenidos puedan ser utilizados de forma -aparentemente- gratuita, por personas de a pie como nosotros, tiene alguna finalidad o interés por parte de algún sujeto?, ¿nos las facilitan para que aprendamos cosas útiles para nuestras vidas, para una sociedad mejor, para que seamos mejores personas, las hacen simplemente para entretenernos, o más bien las hacen por fines lucrativos?

Las redes sociales suponen un medio descomunal para generar negocio, y nosotros, y sobre todo nuestros hijos, somos la parte manipulable de toda esta industria. La secuencia que se da es simple: nosotros, o nuestros hijos, vemos o ven cosas a través de las redes sociales, posteriormente las deseamos, o las desean, y luego crece en nosotros, o en ellos, una fuerte tendencia a comprar o copiar lo que nos han mostrado.

Por lo tanto, sí a las redes sociales, pero siempre con cabeza, haciendo un uso de ellas crítico, inteligente, constructivo y con control.

Claudio López

Psicólogo Colaborador del Equipo de Terapia de Rafael Santandreu

 

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