Eso que tú me das

Hola amig@s!!

Os dejamos una hermosa carta de agradecimiento de parte de nuestra psicóloga Silvia Borreguero a sus pacientes. Abrazo!!

Eso que tú me das.

Por todo lo que recibí
Estar aquí vale la pena
Gracias a ti seguí
Remando contra la marea […]

Y eso que tú me das
Es mucho más
Es mucho más
De lo que nunca te he pedido

(Pau Donés)

No he encontrado encabezado mejor para este post, que el título de la canción casi póstuma de Pau Donés (vuela alto, amigo).

Uno siempre lee las cartas de agradecimiento de los pacientes a sus psicólog@s, pero hay una parte invisible de la que pocas veces se habla y es de todo lo que los pacientes también nos dan a los psicólog@s. Sí, sí, tal y como lo estáis leyendo: todo lo que vosotros dais. Eso que tú me das.

Hace poco recibí uno de los regalos más especiales de mi vida. Repito tal cual: uno de los regalos más especiales de mi vida. Uno rápido pensará que ese regalo provino de un mejor amigo, de un familiar, de una pareja, …pues no. Ese regalo me lo hicieron llegar dos pacientes mías. El regalo es un retrato mío con mi perrito, Vitto, el cual falleció hace 2 años (quien comparte su vida con un animal lo entenderá, perder a un animal es una vivencia dolorosísima, como cualquier otro duelo). Cuando recibí el paquete literalmente me llevé las manos a la cara y me emocioné: de felicidad, sorpresa, incredulidad, gratitud. Sigo emocionándome recordando ese momento y sonriendo siempre que miro el retrato.

En ese momento pensé: ¿Cómo puede ser?

La relación terapeuta-paciente exige que la dirección de la relación sea unilateral, es decir que quien comparte los aspectos íntimos, dolorosos, importantes, etc. de su vida sea sólo el paciente y nosotros -el terapeuta-, en nuestro “anonimato personal”, acompañamos al paciente en su relato y le dirigimos hacia el cambio personal.

Entonces… ¿Cómo podía ser un regalo tan personal? Por lo poquito que había compartido con ellas en alguna sesión, así lo percibieron. Increíble que con tan poco uno intuya tanto y pueda llegar tan profundo. GRACIAS.

Eso que tú me das.

No tengo palabras suficientes de gratitud. Como tampoco las tengo para esa bolsita con mi nombre tejido en ella y una pulsera con un corazón que cuelga, por ese cuadro de Van Gogh que representa las sombras y las luces de cada uno, por ese concierto de Melendi con poesías hechas canción, esos bombones por Navidad, por esa sobrasada que llega desde una isla para endulzarme, por ese libro de poesía y ese vinito de Jerez, por ese punto de libro de Harry Potter, esas libretas mágicas, esa postal de Navidad hecha a mano, ese llavero de Perú, esa piedra que sonríe cuando uno la pone en la dirección correcta, esas flores cuando viniste a verme presencialmente, ese ofrecimiento de viaje que no pude aceptar pero que agradecí como si diese la vuelta al mundo, ese libro de familia que está por llegar, esas postales, esas cartas…

Pero no sólo se trata de los regalos que entregáis como tal, sino también por los regalos que hacéis sin daros cuenta: por ese email que llega de repente y simplemente me dices que te acuerdas de mí y de lo mucho que te ayudó la terapia. Cuando me mencionas en un comentario de redes y publicas “la caja de kleneex”. Cuando me envías una foto compartiendo algún momento importante. Cuando Vitto enferma y me dices, como veterinaria, que si me puedes ayudar en algo cuente contigo. Cuando me dices que la terapia te salvó la vida el día que tenías un amago de infarto y fuiste rápido al hospital. Cuando recibo un audio actualizándome, y de repente te emocionas recordando nuestra terapia, y me recuerdas que te cambió la vida. Cuando me grabas un vídeo de tu piso nuevo (¡con futbolín incluido!). Cuando me escribes un correo sólo para darme las gracias y me envías fotos de tus hijos y tu marido para presentarme a tu familia. Cuando después de tantos años sin apenas salir de casa recibo tu foto en un aeropuerto a punto de emprender una increíble aventura. Cuando me envías un vídeo tuyo y de tu familia. Cuando traes a sesión un cuadro con fotos de tus momentos importantes y las personas esenciales en tu vida. Cuando escribes una canción con ideas de tu terapia (¡y la grabas y me la envías!). Cuando en una charla de Rafa te acercas a él para hablarle de mí y tu terapia. Cuando alguien me llama y me dice que le has dado mi contacto porqué sabes que podré ayudarla. Cuando me entregas un dibujo y me representas como el faro que te guía en la oscuridad. Cuando leo un email de despedida donde me dices que algún día les hablarás de mí a tus hijos. Cuando le haces llegar una carta de agradecimiento a Rafa. Cuando me envías un vídeo y me dices que soy tu chimpancé ayudándote a cruzar el agua…

Eso que tú me das.

Pero tampoco se trata sólo de aquello que nos hacéis llegar, sino de todo lo que entregáis también en la terapia. El psicólogo Carl C.Jung decía que “el encuentro de dos personalidades es como el contacto de dos sustancias químicas, si hay alguna reacción, ambas se transforman”. Y es realmente cierto. De todos y cada uno de vosotros me llevo algo. Algo valioso. Algo que perdura en mí. Es imposible compartir una relación tan íntima sin que ello implique que una parte nuestra se emocione, se remueva, se transforme. Aprendo muchísimo con y de vosotros, de acompañaros a transitar la dificultad, y son tantísimas las veces que pienso: ojalá pudieras verte con mis ojos, para ver toda la fortaleza, resistencia y magia que existe en ti. Ojalá pudieras.

Eso que tú me das.

Nuestra profesión no siempre es sencilla. Es una realidad que acompañar en el dolor, en la perturbación, en la problemática es complicado, y a veces drena y consume mucha energía, sobre todo energía emocional. Pero a la vez nuestra profesión tiene una parte preciosa y maravillosa; ver a alguien resurgir, reinventarse, transcenderse, cambiar…es increíble y sentirse parte de eso, es mágico. Todo eso que tú me das me recuerda muchas veces por qué elegí mi profesión, le da un sentido a todo en lo que creo y hago.

Por una evidente cuestión de confidencialidad no doy nombres, pero quienes son, lo saben. Lo que no sé si sabían es toda la gratitud que les tengo y lo mucho que me han dado. Sí, eso que tú me das.

GRACIAS.

Silvia Borreguero Lázaro

Psicóloga colaboradora del Centro de Terapia Breve de Rafael Santandreu.

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