Aceptación de la realidad

“La vida es lo que te va sucediendo mientras estás ocupado haciendo otros planes
(John Lennon)

Si tuviese que elegir uno de los conceptos más importantes de la salud mental, elegiría sin duda la idea de la “Aceptación”.

Quizás nunca te hayas parado a pensar en este concepto, o más bien, tal vez no te hayas detenido a pensar qué significa realmente.

Considero que la aceptación es una de las mayores dificultades que solemos encontrar dentro de terapia y de la vida, porque la verdadera aceptación cuesta…y mucho.

En este punto te animo a pausar la lectura y pensar: ¿qué es la aceptación?, ¿sabría definirla?, ¿la practico generalmente?, ¿la tengo presente?

La aceptación es ese fenómeno psicológico mediante el cual comprendo que la realidad es lo que es, y NO lo que me gustaría que fuese. ¿Te parece fácil? Pues créeme: es complicadísimo.

Quién no ha caído en la irracionalidad, ante un suceso negativo, de pensar: “!esto no debería haber sucedido!” “Esto no debería ser así”, luego le añadimos pimienta al asunto cuando, alzando la voz, sentenciamos: “Esto no debería haber pasado, no me lo merezco, no es justo”, y ya finalmente le echamos sal a la herida cuando nos quedamos atrapados en el fatídico: “Por qué”: ¿por qué a mí?, ¿por qué ahora?, ¿por qué de esta manera?, “No lo entiendo, ¿Por qué?, Por qué?, ¿Por qué?

En todos estos casos estamos sumergidos en la anti-aceptación, es decir consideramos que como algo es negativo, es doloroso, no nos gusta, no queríamos que pasase, va en contra de nuestros deseos y beneficios, etc., entonces: NO debería haber pasado. Pensadlo un momento. En serio: pensadlo. Cuando caemos en esta actitud estamos dando por hecho que el universo, el mundo, los dioses, el Cosmos, (llámalo como quieras según tus creencias) TIENE QUE, DEBE DE ajustarse a nuestros deseos. Un poco locuela esa idea, ¿no?

Ahora volvamos a la idea principal: la realidad, es lo que es y no lo que nos gustaría que fuese.

El mundo, los demás, y la vida no se ajusta a lo que queremos o deseamos -a veces sí sucede y es maravilloso- y aceptar esa realidad es el primer paso a la verdadera madurez y fortaleza psicológica.

¡Cuidado que la aceptación no es resignación, parecen conceptos sinónimos, pero no lo son! En la resignación caigo en el victimismo, el inmovilismo, la indefensión. Cuando practico la aceptación salgo del ¿por qué me ha pasado esto? y entro en el ¿para qué puede haberme pasado esto? (es decir soy capaz de extraer un aprendizaje del suceso e intento hacer algo valioso con ello), suelto aquello que no está en mi control, reconozco la imprevisibilidad de la vida, integro los cambios (paso del bloqueo a la acción), entiendo que los eventos negativos suceden y forman parte de la vida, etc. Además, en la aceptación asumo la responsabilidad de mi mundo emocional, y entiendo que, aunque algo negativo me haya sucedido, puedo hacer algo para encontrarme mejor.

Así que la próxima vez que te rechace una persona, que tu jefe no te comprenda, que pierdas a un ser querido, que no consigas un deseo importante, que aparezca la ansiedad, que tengas una recaída, que un amigo te decepcione, etc.  y te sientas perturbad@ te animo a plantearte la siguiente cuestión: ¿qué es lo que no estoy aceptando? e intentes empezar a entrenarla.

Recuerda: la aceptación de aquello que nos acontece es el primer paso para trascenderlo.

Silvia Borreguero Lázaro
Psicóloga colaboradora del Equipo de Terapia Breve de Rafael Santandreu.

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